jueves, 26 de septiembre de 2013

El próximo 28 de septiembre se celebra el Día Internacional de las Personas Sordas.


El 28 de septiembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de las Personas Sordas. No viene mal celebrarlo y significar ese día porque esta discapacidad (la sordera) es la más invisible de todas. Dice el refrán: "Ojos que no ven, corazón que no siente" y la sordera no se ve.
 
Nos cuesta imaginar el mundo de los sordos. A lo largo de la historia fueron considerados muchas veces seres imperfectos, fallos humanos, deshechos. Durante la Antigüedad, el “sordomudo” era considerado idiota y demente; incapaz de recibir educación, pensaban que no podrían leer, escribir ni entender. Se les prohibía comprar, vender, heredar y contraer matrimonio. Los espartanos los arrojaban desde un monte, los atenienses los abandonaban o sacrificaban, los romanos los arrojaban al Tíber. Poco a poco, en posteriores etapas, la consideración por estas personas fue mejorando. En la Edad Media, algunos conseguían vivir en los pueblos comunicándose mediante signos con los vecinos o lograban emplearse en tareas domésticas aunque no se les permitía entrar en las iglesias ni casarse (otros, con menos suerte, eran ingresados en manicomios). A partir del S. XVI y XVII, tras el Renacimiento, comienza a pensarse en su educabilidad y aparecen los primeros intentos documentados de enseñarles a hablar. Será en el siglo XX, a partir de 1960, que se empieza a recuperar y reconocer la Lengua de Signos para la educación de la persona sorda por tres motivos:
  • El lenguaje de signos tiene un extraordinario valor lingüístico y expresivo y es capaz de llegar a cualquier nivel de abstracción.
  • El aprendizaje temprano de la Lengua de Signos favorece la comprensión y el desarrollo cognitivo.
  • El oralismo como único método de aprendizaje no ha dado los resultados esperados.
 
 Entrar el círculo de personas sordas sorprende desde nuestra perspectiva de oyentes: contemplar su expresión concentrada tratando de traducir nuestras veloces palabras, observar su expresión de aburrimiento ante una charlas que no puede seguir, notar su consciencia la monotonía de su voz, de esa sintaxis simplificada e imperfecta que provocan en el resto extrañeza; percibir la crispación de sentirse inferiores sin serlo... Pero todo eso cambia cuando se encuentras con sus iguales y entran en una alborozada expansión gestual, dibujando ágiles mensajes con las manos y pintando emociones en su rostro... entonces, el lenguaje oral, calla por completo. Visto lo cual uno empieza a entender la tradicional etiqueta de "la mala leche del sordo". Se puede bucear en la vida de Beethoven, o de Goya... y encontrar allí, en sus diarios o cartas, o pintadas sobre las paredes de la Finca del Sordo los efectos devastadores de su enfermedad que les llevaban a la depresión, el enfado, la soledad y la tristeza. El estereotipo de su mal carácter empieza ya en la escuela: son niños problemáticos, distraídos, testarudos, agresivos... muchas veces estas conductas son atribuidas a puro negativismo cuando en realidad son efectos de la incomunicación. Pero estos niños cambian radicalmente su carácter en cuanto pueden comunicarse con otros como ellos.  El sordo es el más suscepetible, el más débil y frágil socialmente: su incapacidad de comunicación convencional es total.
  
A los normoyentes les cuesta mucho comprender las dificultades de las personas sordas para acceder al lenguaje oral. Normalmente se empieza por explicarles la diferencia entre ser sordo "prelocutivo" o "postlocutivo". Un sordo prelocutivo nunca habrá escuchado los sonidos, así que desde su nacimiento (y antes) no se habrá entrenado en el complejísimo procesamiento de secuencias sonoras y tonales que constituyen el habla. Puede parecer fácil, pero sólo los potentes ordenadores actuales, son capaces de realizar procesos semejantes. Al faltarle al sordo estos estímulos claves en el periodo en que se modela el cerebro y se establecen los circuitos neuronales provocará que "jamás" sea capaz de hablar como una persona normalmente entrenada: ni a nivel fonético, ni sintáctico . Un sordo postlocutivo, en cambio, habrá estado inmerso en el complejo mundo de los sonidos durante un tiempo. Esto le habrá permitido experimentar con secuencias sonoras y tendrá adquiridas las bases del lenguaje oral. Con un entrenamiento adecuado logrará hablar de forma oral con relativa corrección.
 
A pesar de estas diferencias en cuanto a su capacidad para adquirir el lenguaje oral todos los sordos sufren en mayor o menor medida graves dificultades de socialización. Así como los ciegos mueven a la gente a prestarles atención, participan activamente en las conversaciones, cuentan chistes, hacen amigos con facilidad... los sordos pasan por se personas ariscas y solitarias, no cuentan ni ríen los chistes, evitan la conversación, no invitan a la proximidad y la charla. De ahí a considerarlos deficientes mentales solo hay un paso. Ya en el año 1554, en el Lazarillo de Tormes, se describe al "sagacísimo ciego" cuando a los sordos se les consideraba poco menos que idiotas: "este no puede hablar; pues no puede pensar". Sería un animal, diría Aristóteles para el que el atributo esencial del ser humano era el lenguaje.
 
Me gustaría que, tras esta lectura, entendierais un poco mejor la personalidad de las personas sordas. No lo tienen nada fácil. Os invito a colocaros un día unos tapones en los oídos y tratar de "sobrevivir" en el mundo sonoro, enmudecido de repente: en casa, en el trabajo, en la calle... porque ya sabes el refrán: "Oídos que oyen, corazón que no siente el mundo del sordo".
 

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