viernes, 26 de abril de 2013

El hospital de los libros


El pequeño cuento, de grandes y hermosas letras negras, había nacido en una imprenta grande y moderna. Su padre fue un escritor de cara risueña y, cuando le pensó, lo hizo alegre y divertido también a él como si fuera su hijo de verdad. Salió de la imprenta limpio y reluciente; empaquetado con sus hermanos gemelos rumbo a la librería. Aún olía a papel y tinta fresca con un toque perfumado de pegamento en el lomo.
En la librería estuvo expuesto durante días en el escaparate muy quietecito junto a otros interesantes compañeros, sólo movido por las delicadas manos de algún niño que lo hojeaba unos instantes. Hubo uno que apoyó su diminuto dedo índice bajo unas líneas y leyó algunas palabras. Se sentía como un pequeño huérfano que suspiraba por ser adoptado por un niño al que poder contar sus aventuras.
Por fin un día, llegó una mamá con su pequeño hijo de 7 años. El niño se sintió atraído inmediatamente por aquel pequeño libro de cuentos que le mostraba sus hermosos dibujos y le insinuaba aventuras bellísimas. Señaló con el dedo a su madre el rincón en que esperaba pacientemente el pequeño cuentito. Al pobre librito le dio un vuelco su corazón de papel, incluso la tinta se puso caliente como si hubiera contraído una pequeña fiebre: ¡Le habían elegido! ¡Sería adoptado por ese niño curioso que le miraba con los ojos muy abiertos!

Le vistieron con un hermoso papel de regalo que le quedaba muy bien y lo pusieron en las manos de su nuevo amigo. Estaba emocionado. Tenía tantas ganas de contarle su historia...

En su casa, el niño le quitó el vestido de papel seda que le apretaba un poco y, más cómodo, sólo con el pijama de colores de su portada se dejó tender en la cama con él, dispuesto a contarle su maravillosa historia. Pero descubrió una cosa increíble: no necesitaba hablar a su nuevo amigo: él sabía lo que pensaba sólo con mirarle... parecía como si le leyera el pensamiento... - ¡Claro, que tontería! - pensó - Soy un libro y me pueden leer la mente... tengo escritos mis pensamientos y los niños que tienen el poder mágico de la lectura pueden adivinar mi historia aunque yo no pueda hablar.

Esa noche le contó en silencio una historia increíblemente hermosa. Tanto es así que el niño se durmió soñando con ella dejando al libro con las hojas abiertas sobre la cama como esperando un abrazo.

Al día siguiente lo dejó descansando en la estantería y, de vez en cuando, volvía pasados unos días a cogerlo para recordar aquella historia que tanto le gustó.

Cuando el niño se hizo mayor, le llevaron con todos sus cuentos a la habitación de su hermano pequeño que aún no sabía leer. El pequeño miró un buen rato los preciosos dibujos coloreados, pero como no entendía su lenguaje acabó  por arrojarlo a un rincón. Días después volvió a cogerlo, esta vez retorciéndole el lomo que terminó desgarrado emitiendo un crujido. Lo agitó como si fuera un árbol y quisiera sacudirle las hojas. Se aburría y terminó  por coger sus pinturas y hacer un monigote en la contraportada. Luego observó una pequeña esquina despegada y tiró hasta arrancar un trozo de la fotografía de la portada... El pobre cuentito lloraba de dolor: se cuerpo se estaba rompiendo en pedazos; pero lo que más le dolía era no poder contar al  niño sus entretenidas aventuras... Cuando el pequeñuelo se cansó, lo dejó abandonado en su rincón. La madre lo encontró allí bastante arrugado y, pensando que aún pudiera interesar a alguien, lo llevó al colegio:
- Tome, señorita, quizás le sirva a algún niño... no está muy entero pero a lo mejor podéis utilizarlo.

Al pequeño cuento lo llevaron a la clase. Allí habían preparado un curiosos hospital. Había muchos libros heridos esperando que los curaran. Como pequeñas enfermeras las niñas les ponían unas grandes tiritas en el lomo, allí donde más grandes eran las heridas. Otros les hacían una pequeña transfusión de pegamento para juntar las hojas que se separaban, otros escribían el título en el nuevo lomo restaurado...

El pequeño cuento sonrió. Ya no era el hermoso y reluciente cuento nuevo del principio. Pero su historia aún estaba a salvo, aún podría contar muchas veces más esa aventura que hacía feliz a sus amigos.

Y, colorín colorado, 
este cuento ha sido reparado.


El profe Jesús (bibliotecario)


Cuento dedicado a los niños de 2º de Primaria que han reparado un montón de libros  de los que ahora disfrutan en su clase. ¡Bavo por ellos y su hospital de libros!

No hay comentarios:

Publicar un comentario