martes, 5 de marzo de 2013

El niño de los ocho planetas (Cuento de Roberto Velasco, 4º A)


EL NIÑO DE LOS OCHO PLANETAS

 

Érase una vez un niño llamado Mario que tenía once años y vivía en la Tierra. Un día vio un platillo volante en un parque y como era muy curioso subió y pulsó un botón.

De repente, el platillo empezó a moverse y cuando pasó un rato Mario se encontró en el planeta Mercurio. Se asustó bastante pero a Mario le gustaban mucho las aventuras y pensó: “¿Cómo he llegado hasta aquí?, la verdad es que no se lo imaginaba así, él siempre había pensado que Mercurio, al estar tan cerca del sol, estaría en llamas.


Decepcionado decidió ir a Venus, volvió a montar en su platillo volante y pulsó otro botón. Una vez en Venus, como tampoco encontró vida ni agua pensó: “¡Qué rollo!” y se volvió a montar en su platillo para seguir conociendo la vía láctea.

No tenía ganas de volver a la Tierra y se la saltó, llegó a Marte. Se ilusionó mucho porque al ver agua creyó que también habría vida. Como era muy lanzado se dio un baño y dijo: “¡Oh no! ¡No tengo toalla!, miró en el platillo volante y menos mal que encontró una y se pudo bañar y disfrutar del agua de Marte.
Después tomó rumbo a Júpiter, desde allí contempló las vistas pero como no había vida ni agua decidió continuar su viaje. El siguiente planeta que visitó fue Saturno, aquí vivió una de las aventuras más emocionantes, ya que al bajar del platillo volante encontró unos patines en línea, se los puso y patinó a gran velocidad sobre el aro de Saturno, dio vueltas y vueltas hasta que se cansó y tuvo que pararse a descansar.

Después visitó Urano, pero tampoco encontró vida, así que decidió encaminarse hacia Neptuno. Una vez que estuvo allí pensó que ese era el planeta que menos le gustaba, ya que Neptuno era el nombre de la fuente del Atlético de Madrid y su equipo era el Real Madrid.

Aquí terminaba el viaje espacial de Mario, pensó que ya era hora de volver a la Tierra ya que además el dueño del platillo volante le estaría esperando muy enfadado.

Cuando llegó a la tierra y vio al dueño del platillo le dijo: “Perdóneme señor, tenía curiosidad, lo siento mucho”. El señor respondió: “no te preocupes, he aprovechado para hacer unas compras…” El niño dijo: “Tiene un coche muy raro, ¿de dónde viene?”, “de Marte”, respondió el señor, el niño dijo: “Pues yo he ido a Marte y no he visto ningún extraterrestre”. El señor respondió: “Eso es porque cuando viene alguien extraño nos escondemos” El niño dijo: “Su secreto está a salvo conmigo”

Entonces se despidieron, el señor extraterrestre volvió a su planeta subido en su platillo volante y Mario le miró como se alejaba, después volvió a su casa pensando en la aventura que había vivido. A partir de ese día miró al cielo todas las noches para saludar a los extraterrestres. Y colorín colorado el viaje de Mario por los planetas se ha terminado.  

Autor: Roberto Velasco Jiménez

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