martes, 14 de junio de 2011

¿A qué sabe la luna? Una historia de libro.

¿A qué sabe la luna es un libro que ocupa uno de los primeros puestos en el ranking de popularidad de libros de la biblioteca. Tengo una historia personal asociada a este precioso cuento. La comparto con vosotros y os invito a leer este libro tan hermoso.

Cuando ví a Gabriela -cuerpo hinchado, mirada ausente- me inundó la pena casi hasta el ahogo, ...  Cuando intenté hablar con ella me invadió la frustración: apenas se le entendía. Cuando quise mostrarle una sonrisa no pudo verla: Gabriela estaba ciega. Al extirparle aquel tumor en el cerebro le arrancaron también la capacidad de ver. Ahora, a sus 6 años, postrada en el lecho, el cáncer, cangrejo de pinzas crueles,  se reproducía incontenible en todo su cuerpo. Gabriela iba a morir. 
Y yo tenía que ser su profe. Y Gabriela quería aprender. Era una niña depierta que ya había comenzado a escribir su propio diario a los cinco años. En su foto del curso anterior sus ojos hablaban de ilusión y deseo de vivir. Recordaba su cole. Realizaba mentalmente sus deberes: leía frases escritas en la pizarra de su imaginación. Gabriela quería clase. Y yo me preguntaba impotente: ¿Cómo puedo darle una clase?
Acudí desesperado al centro de recursos de la ONCE. Allí me dieron algunas cosas, no muy útiles la mayoría, pero entre ellas había un libro. Era un libro precioso. En su portada una gran luna plateada y rugosa, de papel de alumnio, sobre una tela de suave terciopelo.
En unas letras en relieve se podía leer y tocar: ¿A que sabe la luna?
Era un libro artesano. Una anónima profesora de niños ciegos había dedicado muchas horas a confeccionarlo. Como en un cajón de sastre acopió retales de tela, papel albal, maché, de lija, de seda, de celofán; terciopelo, algodón, felpa, arena, cuentecillas de vidrio, piedrecitas, pegamento, hojalata... con todo ello fue recreando en relieve, en 3D, la bella historia que nos cuenta.
El libro nos habla de sueños, de superación, de cooperación y ayuda. Los personajes son suaves animales afelpados. Las imágenes y las texturas son preciosas. Incluso estando hechas para ciegos eran hermosas a la vista. Y leídas al tacto la experiencia se volvía  sublimes.
Leímos juntos el cuento. Gabriela lo hizo con sus pequeñas manos torpes por la enfermedad recorriendo cada página. Yo, recorriéndolo con la vista, leyendo en voz alta  e intentando dar a mis palabras la mágica entonación que la historia requería. Los ojos de Gabriela llegaron a brillar. Al final su boca dibujó una sonrisa.
- ¿Te ha gustado? , Gabriela.
- Sí, me ha gustado mucho.
Con los ojos humedecidos guardé el libro cuidadosamente en mi maleta viajera. No olvidé una pequeña tortuguita de fieltro que se había desprendido. La pegaría antes de devolverlo. ¡Y me prometí dar las gracias a su autora!. Este libro hizo feliz a una persona muy especial.

Jesús Marcial Grande
(Profesor de asistencia domiciliaria)


¿A QUÉ SABE LA LUNA?
Michael Grejniec (texto e ilustraciones),
Carmen Barreiro (traducción),
Kalandraka, 2009, Col. Libros para soñar,



A partir 5 años

RESEÑA:

¿A qué sabe la luna? podría ser un libro adecuado para leerlo un año en el que se conmemorara la llegada del hombre a la luna, aunque la propuesta que hace Michael Grejniec, autor e ilustrador del texto, es distinta y mucho más lúdica que el propio viaje espacial. La traducción de Carmen Barreiro está muy cuidada y, de alguna manera, logra que el texto se acerque a la poesía puesto que hay alguna rima asonante. De todas formas, es un relato que puede leerse en silencio, aunque pensamos que ganará si se hace en voz alta; incluso, pensamos, podría adaptarse como obra teatral sencilla.

Un buen día, y ya pasamos al argumento, los animales se obstinan en llegar a la luna para morderla y saber cuál es su gusto, se ahí el título, no obstante no pueden solos y deciden unirse para formar una piña y solo así logran llegar a la luna. Los animales se estiran y no hay manera de alcanzar al satélite que parece reírse de sus esfuerzos, aunque con sonrisa plácida. Miles de ojos la contemplan y suspiran por alcanzarla.

El texto se presenta como una concatenación de escenas. La tortuga es la primera en tratar de alcanzarla y la que señala el punto de partida, la montaña. Una vez allí, llama al elefante y, como no lo logran, acuden a la jirafa y así sucesivamente, un animal encima de otro, la cebra, el león, el zorro, el mono y el ratón. Uno se monta encima del otro, a manera de castillo animal y cada vez sienten que están más cerca, porque, bien claro es el mensaje, la unión hace la fuerza.

El ratón, el más pequeño de todos, tiene el privilegio de tocar la luna, aunque ésta es esquiva y se ríe de sus esfuerzos. El ratón es, al fin, el que muerde la luna y le arranca un trocito y lo reparte entre todos los amigos que se sienten dichosos porque, y éste es el gran secreto, “la luna les supo exactamente a aquello que más les gustaba a cada uno”.

El libro nos habla de los sueños, como indica la colección a la que pertenece, de la superación de las limitaciones y de la ayuda y la cooperación entre distintos seres que persiguen un mismo fin. Los animales se sienten contentos y esa noche duermen muy juntos; pero el pez, que lo ha visto todo, y ahí viene una nota de humor o de ironía, se pregunta a qué vienen tantos esfuerzos si él ve la luna que está en el agua. Al fin y al cabo, en este mundo, a menudo, todo depende de la perspectiva que uno tenga porque para el pez la luna del agua es más real que la del cielo.
Por Anabel Sáiz Ripoll, especialista en Literatura Infantil y Juvenil



1 comentario: