miércoles, 4 de mayo de 2011

Una historia de gamusinos.

Yo, ahora profe, también fui niño. No era malo, pero tampoco de los buenos, buenos... Me llevé más de una bofetada por "hablar" en clase (sí, lo has entendido bien, sólo por hablar). En verano veraneaba en un pueblecito del norte de Palencia llamado Ayuela. El jefe de la pandilla de los chicos del pueblo se llamaba Teodoro. Cuando me vio y se enteró de que pasaría dos meses en el pueblo se sonrió y, posando su mano sobre mi hombro me dijo:
- Esta noche vamos a cazar gamusinos ¿Te vienes?
Yo estaba atemorizado porque era chico de ciudad y los chicos del pueblo me daban un poco de miedo, así que, como necesitaba hacer amigos lo antes posible; le dije:
-¡Vale! ¿Qué tengo que llevar?
- Tienes que traer un saco y una linterna.
- De acuerdo -le dije, y pregunté: -Oye y ¿los gamusinos son peligrosos?
Se acercó y hablando bajito susurró:
- Pueden serlo, algunos muerden y se han tragado el dedo de alguno. Pero no te preocupes, tú sólo te encargarás de cuidarlos...
Cuando se hizo de noche se juntó la cuadrilla de chicos en la plaza del pueblo y, con gran excitación, salimos hacia las eras. Cruzamos él río por Las Puentes Viejas y nos metimos hasta bien adentro en el bosque de robles que llamamos Bascarrión. Allí, Teodoro el jefe, nos mandó callar y me dijo:
- Jesús, tú quédate aquí con el saco; que nosotros, que sabemos donde viven, cazaremos los gamusinos y te los traeremos para que los guardes. Ten mucho cuidado de que no se escapen. No se te ocurra meter la mano que te la pueden cortar con sus dientes, están afilados como una navaja... ¡Atento; parece que están quietos y dormidos, pero pueden volverse peligrosos en cualquier momento...
Los chicos se desperdigaron con gran contento por el monte... Yo me quedé sólo. De vez en cuando les oía reir y gritar:
- He cazado uno...
- ¡Maldición, me ha mordido!...
- Se me ha escapado uno bien grande...
Con el saco bien apretado, guardaba los gamusinos que me traían de cuando en cuando misteriosamente. Casi no les veía cuando los metian en el saco con gran cuidado... Hacían un ruido raro cuando chocaban unos con otros, como si tuvieran el caparazón de una tortuga... El saco estaba bastante lleno cuando Teodoro me dijo desde los árboles:
- ¡Jesús, nos volvemos al pueblo! Traete los gamusinos que les vamos a preparar para cocinarlos mañana... ¡Cuidado no se pierda ninguno...!.
Yo cogí el saco que pesaba muchísimo...
-¡Malditos gamusinos! ¡Tenían que ser enormes con ese peso! -pensaba-.
Con el saco a rastras llegué a la plaza del pueblo donde me esperaban todos los chicos sonriendo con malicia... Estaban todos a la luz de la farola. Habían venido también las chicas que me miraban con picardía...
- ¡Vamos, abre el saco, a ver cuántos hemos cazado...!
Yo, temeroso:
- Oye, y no me morderán... (Algunos niños ya no podían contener la risa...).
Cuando abrí el saco ví dentro un montón de piedras... Entoncer explotó una tremeneda carcajada general... Todos se partían de risa. Todos menos yo, naturalmente, que estaba rojo de vergüenza y enfadadísismo...Así pasé la primera novatada en el pueblo... Después de aquello ya pude participar en los juegos con los demás niños. Incluso, pocos días después, asistí a una segunda cacería de gamusinos, pero esta vez el novato fue otro niño de Burgos. Me dio un poco de pena que le hicieran una broma tan pesada... Pero luego lo hemos pasado muy bien todos juntos y cuando nos acordamos de aquello nos reímos un montón.


(Jesús Marcial, 16 de mayo de 2007)

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