domingo, 3 de abril de 2011

Técnicas creativas 17: "La resta fantástica" (Rodari)

Proponemos aquí una técnica que Rodari refiere en su capítulo 29 de su "Gramática de la fantasía": Historias para la mesa. Se trata de trabajar con la hipótesis de desaparición de objetos. El azúcar desaparece y el mundo se vuelve amargo por culpa del Mago Amargo. Desaparece el papel, el sol, los objetos cotidianos, la mesa, las casas...
Quitando objeto tras objeto, se llega a un mundo vacío, a un mundo de nada, como en el cuento de Rodarí
'El hombrecillo de nada"
Érase una vez un hombrecillo de nada. Tenía la nariz de nada, la boca de nada, iba vestido de nada y llevaba zapatos de nada. Se fue de viaje a una calle de nada que no iba a ninguna parte. Se encontró a un ratón de nada y le preguntó:
-¿No temes al gato?
-No, de veras -contestó el ratón de nada-, en este país de nada sólo hay gatos de nada, que tienen bigotes de nada y garras de nada. Además, yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a nada, pero son dulces.
-Me da vueltas la cabeza -dijo el hombrecillo de nada.
-Es una cabeza de nada: incluso si te das contra una pared no te hará daño.
Queriendo hacer la prueba, el hombrecillo de nada buscó una pared para golpearla con la cabeza; pero era una pared de nada, y como él había tomado demasiado impulso cayó del otro lado. Tampoco allá había nada de nada.
El hombrecillo de nada estaba tan cansado de toda aquella nada, que se durmió. Y mientras dormía soñó que era un hombrecillo de nada que iba por una calle de nada y se encontró con un ratón de nada, y él también se ponía a comer los agujeros del queso, y el ratón de nada tenía razón: no sabían en verdad a nada.

Ahora me permito fantasear un poco y aplicarlo a nuestro cole inventando un cuento:

En la semana del 11 de abril, en la biblioteca del colegio desaparecieron las enciclopedia. Los bibliotecarios muy asustados acudieron al director y se quejaron amargamente de que se dejaba la puerta abierta, la gente entraba y se llevaba libros sin permisos. Pusieron cerradura nueva pero al día siguiente desparecieron los grandes libros ilustrados. Los bibliotecarios se tiraban de los pelos porque eran libros preciosísimos y caros. Al día siguiente, cuando volvieron a entrar en la biblioteca, toda la colección de cómics había desaparecido. Así fueron desapareciendo sucesivamente las novelas, los cuentos, las revistas... Los profesores  tuvieron que aprender de memoria a toda prisa el contenido de los libros antes de que desaparecieran. Pasaban las noches memorizando. La biblioteca quedó vacía como un piso recién comprado. Los niños se acostumbraron a no ir allí y a conformarse con leer en su casa. Peo en su casa empezó a pasar lo mismo. Unos días después en el cole, empezaron a  desaparecer las pizarras. Luego los carteles de los pasillos. El profesor Álex tuvo que hacer fotos rápidamente de todos antes de que desaparecieran. A continuación las letras de los ordenadores, las pizarras digitales, los papeles... El secretario no daba a basto a grabar en el disco duro todos los datos y la fotocopiadora echaba humo de tantos folios fotocopiados.  Y por último desaparecieron los  bolis, los lápices, las pinturas... Los niños no tenían con qué escribir y los profes les contestaban enfadados: 
-¡Pues escribe con el dedo!. Pero uno que lo intentó se hizo una herida y entonces se asustaron y pensaron que lo mejor era no escribir nada. Las clases serían habladas nada más. 
Entonces empezaron a desaparecer las palabras. A la semana quedaban tan pocas que sólo se podía decir: "mamá pis" y "tero pan". Y finalmente también desaparecieron. Por gestos los niños se acusaban señalando con los dedos, encogiéndose de hombros y diciendo "mmmm.." 
 Entonces un sagaz inventor tuvo una idea. Inventó un móvil de última generación que se colocaba en la cabeza como un casco. Resulta que utilizaba una tecnología 3G capaz de conectar las mentes de todo el mundo. Así  podían comunicarse las ideas, los pensamientos, las imágenes... ¡Aquello parecía muy divertido! Pero los comerciantes empezaron a cobrar muchísimo dinero por su invento y la gente no podía pagarlo. Sólo unos poquitos que eran muy ricos y eso no era justo.
Así que, cuando la peste bibliófaga que asoló los colegios pasó al cabo de unos meses, los niños y los profesores tuvieron que inventar un nuevo lenguaje con palabras nuevas, con letras inventadas y libros diferentes.  
¡Y aquello sí que era realmente divertido porque decidieron llamar al oro "caca" y al hipopótamo "minimosqui" y al malvado "pedorreta"! Cosntruyeron un abecedario cuyas letras eran preciosos dibujos:  sol, luna,  corazón, flor, piruleta, mariposa... Y los libros se escribieron a partir de entonces en las hojas de los árboles. La biblioteca entonces se convirtió en un hermoso bosque donde cada árbol contaba en sus hojas un hermoso cuento.
(La historia, así salida de un tirón y con la imaginación al viento tiene su encanto. Sin saber muy bien cómo he llegado a un final que es síntesis de los dos temas que focalizan nuestra Semana del Libro: Rodari (la literatura infantil) y el año Internacional de los bosques.)   

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