domingo, 13 de febrero de 2011

Historia de una lenteja (3)

El espejo, que no engaña, me dice: ¡que me estoy poniendo un poco gorda! (ya estoy de 5 meses). Aunque mis niños del cole aún dicen que no me han metido al bebé; deben de pensar que el embarazo es como una cesárea al revés: que te abren para introducirlo y luego otra vez para sacarlo. ¡Qué imaginación! Claro que, si tenemos en cuenta cómo sucede de verdad… Todo empieza por culpa de un bichito cabezón que debe recorrer en un tiempo récord un tubo para quedar atrapado en un moco que le facilitará la entrada a un habitáculo donde encontrará un huevo a punto de caducar. Agotado por la carrera, dicho espécimen debe perder la cabeza y renunciar a su cola por dicho huevo, y que además, una vez metido hasta los ojos, debe dividirse en muchos trozos, como si de una caja de quesitos se tratase, pero... ¡qué invento es éste! Realmente, la realidad supera a la ficción. Los niños llevan razón, su versión es más lógica.... y si les pregunto dónde hemos adquirido dicho bebé para introducir en mi barriga dirán: (nada de cigüeñas) Papá compra una semillita para bebés en "todo a 100" (ahora a 1 euro), porque las de los centros comerciales son más caras y, total, el fruto es el mismo: los bebés se hacen caca igual y el gasto en pañales es el mismo. Y mamá, si está de buen humor, aceptará la semilla que, una vez plantada, dará su fruto y será introducido en dicha barriga. Hay una forma más rápida de hacer crecer la semilla (pero conlleva algunos riesgos añadidos). Se trata del microondas, pero, claro, si te pasas de tiempo, el niño/a te puede salir negro o mulato dependiendo de los minutos, exactamente igual que las palomitas. Y en cuanto al sexo del bebé, los niños/as no entienden cómo sus papás hacen tantas conjeturas: "si es un niño... si es una niña... ¿Es que acaso no saben que si la semillita es AZUL es un NIÑO y si es ROSA es una NIÑA?, sólo tienen que pedirla. Otra cosa es que el chinito de la tienda no sepa distinguir los colores (en China "tolo" es "AMALILLO"), por lo que a veces no aciertan el sexo, y también porque MAMÁ quiere una cosa y PAPÁ otra... ¡ y así no hay quién pueda!
Y éstas son las lecciones que ellos me dan, que por muy disparatadas que parezcan tienen más lógica que la pura realidad y más sentido común que Bush y la dichosa guerra. Si escucháramos más a los niños/as, otro gallo cantaría... ¡Hasta pronto con otro capítulo!

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