sábado, 20 de noviembre de 2010

20 de noviembre: día internacional de los Derechos del Niño


Artículo 28
1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades ese derecho, deberán en particular:
a) Implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos;
b) Fomentar el desarrollo, en sus distintas formas, de la enseñanza secundaria, incluida la enseñanza general y profesional, hacer que todos los niños dispongan de ella y tengan acceso a ella y adoptar medidas apropiadas tales como la implantación de la enseñanza gratuita y la concesión de asistencia financiera en caso de necesidad;
c) Hacer la enseñanza superior accesible a todos, sobre la base de la capacidad, por cuantos medios sean apropiados;
d) Hacer que todos los niños dispongan de información y orientación en cuestiones educacionales y profesionales y tengan acceso a ellas;
e) Adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción escolar.
2. Los Estados Partes adoptarán cuantas medidas sean adecuadas para velar por que la disciplina escolar se administre de modo compatible con la dignidad humana del niño y de conformidad con la presente Convención.
3. Los Estados Partes fomentarán y alentarán la cooperación internacional en cuestiones de educación, en particular a fin de contribuir a eliminar la ignorancia y el analfabetismo en todo el mundo y de facilitar el acceso a los conocimientos técnicos y a los métodos modernos de enseñanza. A este respecto, se tendrán
especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo.
CONVENCIÓN SOBRE
LOS DERECHOS DEL NIÑO
20 DE NOVIEMBRE DE 1989

sábado, 13 de noviembre de 2010

Tusilata

"Quince hombres en el cofre del muerto...
¡ja, ja, ja; y una botella de ron!"

Robert Lous Stevenson nació en Edimburgo (Escocia), en 1850 y murió en Samoa, en 1894. Se cumplen hoy, por tanto, 160 años de su nacimiento. El buscador Google le dedica uno de sus curiosos "doodles" (imágen de diseño propio asociada al título del buscador para conmemorar un acontecimiento memorable).
Una de las pocas palabras que conocemos provenientes de Samoa en los Mares del Sur es "Tusilata" que significa contador de historias. Es el nombre que le pusieron los indígenas de las islas en las que estuvo viviendo los últimos años de su vida aquejado por la tuberculosis hasta su temprana muerte a los 44 años. En el corto periodo de los últimos 15 años de su vida, este contador de historias, ha escrito una de las colecciones de aventuras y ensayos más originales e importantes de la historia. Desde su cama, enfermo y convaleciente gran parte de su vida, imaginó todo un mundo de aventuras: "Mi cama es como un pequeño barco" decía. Recorrió gran parte del mundo buscando un clima más benigno para su frágil salud: conoció las llanuras del viejo oeste, los Alpes suizos, la costa californiana, el Mediterráneo, los Mares del Sur...

Desde muy niño, desde que recibió como regalo una Biblia ilustrada, sintió el deseo intenso de ser escritor.  Él mismo describió su método de aprendizaje:
"Siempre que leía un libro o un pasaje que me gustaba particularmente, en los que se decía algo o el autor se servía de un efecto con propiedad, cuyo estilo poesía vun brioso vigor, una distinguida elegancia, me apresuraba a sentarme y me obligaba a imitar aquella virtud. No lo lograba y lo sabía, y de nuevo lo intentaba y tampoco lo conseguía, nunca lo conseguía; pero, al menos, gracias a aquellas inútiles tentativas, adquirí cierta práctica con la cadencia, la armonía, la construcción y la coordinación de las partes"

"La Isla del Tesoro", su más conocida novela de aventuras, nació al hilo de una anécdota geográficas con que entretenía a su hijastro Lloyd. Hablando de los lejanos Mares del Sur se se puso a dibujar una isla en el estilo de los viejos libros de viajes. Se le ocurrió llamarle "Isla del Tesoro". Más tarde, ante los ruegos de su hijastro y de acuerdo con sus aficiones, de aquella cartografía infantil surgió una historia que ha seducido a todas las generaciones posteriores. La Isla del Tesoro es, probablemente, la más maravillosa novela de aventuras jamás escrita. Relato impresionante que nos arrastra a contemplar cómo se hunde el sol en el mar estando acodados en el puente de la Hispaniola, inquietos por descubrir en qué momento la tarición pirata va a hacerse efectiva sobre el grupo de propietarios del mapa del tesoro.
La debilidad física de Stevenson, así como su carácter soñador y contemplativo , le acarrearon desde pequeño el calificativo de "el prototipo de la pereza". Su dificultad con la ortografía en sus primeros años, sus estudios forzados de derecho, su enfermedad... no pudieron apartarle del camino del genio: escribir los más perfectos y originales relatos de aventuras jamás escritos. Un auténtico "Tusilata"

Jesús Marcial Grande

LISTA DE LIBROS EN LA BIBLIOTECA DEL AUTOR

TituloSig1Sig2Sig3CodigoEjemplar
Cuentos de los mares del SurS-NSTEcue002317V
La isla del tesoroP-NSTEisl004144G
La isla del tesoroP-NSTEisl004150X
La isla del tesoroP-NSTEisl004155S
La flecha negraP-NSTEfle004207K
Cuentos de los mares del SurS-NSTEcue004297L


Sobre "La Isla del tesoro"


TituloSig1Sig2Sig3CodigoEjemplar
La isla del tesoroS-NSTEisl002311B
La isla del TesoroP-NSTEisl002793X
La isla del tesoroP-NSTEisl002827K
La Isla del tesoro, IIP-NSTEisl002892V





La isla del tesoroP-NSTEisl004144G
La isla del tesoroP-NSTEisl004150X
La isla del tesoroP-NSTEisl004155S

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cervantes con "b".

La nueva Ortografía de la Lengua Española (y no símplemente Castellana, adjetivo de deferencia a  autonomías celosas) verá la luz el próximo día 28 en la Feria del Libro de Guadalajara (Mexico).
La Ortograrfía ("Terror del ser humano desde la cuna", en palabras de García Márquez) mantiene la mayor parte de sus dictados normativos: la "ge" y la "jota" siguen ahí, las "haches" se mantienen con su arbitratria lógica (para las mentes infantiles), los libros de texto de primaria seguirán dedicando una página de cada lección a las normas de la "b", la "uve", las "x/s", las "k/qu/c", las "ll/y"... sin embargo algunas cosas sí cambiarán: la "i" griega se llamará "ye" (como ya hacíamos muchos maestros y logopedas), la "be" deberá llamarse únicamente "b" y no "b-alta" o "b-larga", la "w" se llamará "doble v" y la "i-latina" se llamará símplemente "i".
Clarificando el abecedario la "che" y la "ll" ya no serán letras (que sí fonemas) diferenciados. El abecedario queda definitivamente con 27 letras.
En la acentuación eliminaremos el peliagudo problema de diferenciar el "sólo" (equivalente a solamente, adverbio de modo) con el "solo" (adjetivo) o el "éste" (pronombre) con el "este" (demostrativo). A partir de ahora los pronombres homófonos con los demostrativos no llevan tilde obligariamente (aunque se permita su uso).
Otra modificación curiosa es la desaparición de la tilde en la "ó" disyuntiva entre cifras ("4 ó 5"). Parece que las diferentes grafías de los dígitos y la "o" en las fuentes de los procesadores de texto hacen innecesaria esta norma.
Otra pequeña revolución es el uso de la "k", ya generalizado como la ortografía natural de los sonidos Qua, Qui, Quo. Ya no existirá "quorum", sino "cuórum"; ni Qatar, sino Catar; ni Iraq, sino Irak. Igualmente la mayúscula se eliminará de los términos genéricos que anteceden a un nombre propio (Ya no será Golfo de México, sino golfo de México). Otro cambio más: los prefijos se escribirán unidos sólo a palabras simples ("exmarido", "antisocial", "proamericano"), pero separado ante palabras compuestas ("ex capitán general",  "pro derechos humanos"...).
En el caso de los diptongos e hiatos se produce una aclaración. Resulta que no está tan clara la pronunciación como diptongo o hiato de un buen número de palabras (hay mucha disparidad entre los 450 millones de hablantes del español). Antes, la RAE, dejaba al criterio de cada cual la pronunciación y, por tanto escritura de la tilde, en palabras como guion-guión, hui-huí, riais-riáis, truhan-truhán, fié-fie... Ahora dicta norma: se pronuncien como se pronuncien se escribirán siempre sin tilde.

Así que fregando, pegando y reluciendo; nuestra Real Academia Española modifica estas normas que fueron el terror de nuestra infancia. Aún recuerdo el pánico en los examenes a las fatídicas faltas que restaban un punto. Llegué a un dominio extraordinario de los sinónimos alternativos para eludir el terrible "observa" que me hizo dudar años enteros entre v/b en sus cuatro posibilidades. Durante años Robert Louis Stevenson fue mi héroe y no precisamente por su fascinante novela "La Isla del Tesoro" sino porque leí en su biografía que cometía innumerables faltas de ortografía (y si él había llegado a ser escritor, mi futuro no estaba del todo perdido...). Frustrado y perplejo me rebelaba ante los que aseguraban que leyendo se aprendería la ortografía de las palabras con seguridad. Yo leía mucho pero mi vista pasaba sobre el texto sin fijarme demasiado en el ropaje de las palabras, mi mente vivía en el mundo de la historia narrada. Libros ha habido que, al terminarlos, me preguntaba sobre el nombre del personaje sin ser capaz de recordarlo y escribirlo correctamente. 
A trancas y barrancas, sin pasar de lo mediocre, aprobé la asignatura que más me gustaba: Lengua Española. Sin embargo llegado el bachillerato me decanté por la rama de ciencias (y sólo por no tener que vérmelas con la temida ortografía). Cuando llegó el momento de hacer la oposición tuve que plantearme muy seriamente el estudio sistemático de estas normas. Llegué a realizar un abultado fichero donde clasificaba y anotaba normas y palabras. Gracias a Dios (y a mi esfuerzo) aprobé los duros exámenes (algunas faltas cometería que me bajarían la nota, seguro). Y aquí estoy. De profe. Y, la verdad, ahora no suelo cometer faltas (a poco que me fije). Sin embargo, el mayor sinsentido normativo, me ocurrió cuando estudiaba la carrera de magisterio. Pese a seguir la rama de ciencias, ante la posibilidad de elegir una optativa, me dejé llevar por mi  debilidad por la Lengua Española y la elegí. Todo iba bien. Medias de notable hasta que llegó el examen cuatrimestral y, al desarrollar un texto literario, cometí el horrible pecado de escribir Cerbantes así, con "b". Ello  me valió el suspenso. Mis protestas no conmovieron a mi profesora que, firme en sus trece, aseguraba que escribir Cervantes con "b" era una barbaridad. Pasaron los años.Recalé en Alcalá. En una visita a la casa del escritor observo con incredulidad la firma del genial escritor:
Jesús Marcial Grande